Nuestra historia
1981 — 2026
Antes del telón. La ópera nunca fue ajena a Puerto Rico. Lucia di Lammermoor ya se escuchaba en la isla en 1842, y en 1856 una Adelina Patti de catorce años cantó en el Teatro Tapia. En 1877, compañías italianas itinerantes llevaron Macbeth a San Juan y Ponce. Ya en el siglo XX, Norma tuvo su estreno local en el Teatro Paramount en 1942. Cuando nació Teatro de la Ópera, se sumaba a una tradición de más de un siglo.
La compañía fue incorporada en 1981 por el tenor Antonio Barasorda, su esposa Lola Sangüesa e Hilton López. Se presentó al público con una gala de Un ballo in maschera de Verdi los días 15 y 17 de abril de 1982 en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes. Margarita Castro-Alberty encabezó el elenco como Amelia, con la producción de Manuel Fernández Cortines y la dirección escénica de Pablo Cabrera. La primera temporada continuó con El barbero de Sevilla en agosto y La traviata en noviembre.
En Roma o Nápoles, en México o Caracas, en Chicago o Boston no lo hacen mejor.
La ambición se vuelve identidad (1983–1985). En 1983, la compañía vivió un punto decisivo con la monumental interpretación de Justino Díaz como Scarpia en Tosca. Ese mismo año, Aida trajo a Margarita Castro-Alberty, recién triunfante en Orange (Francia), en un montaje con 135 personas en escena. Con ello, la compañía definió su rumbo: apostar no solo por los títulos taquilleros, sino también por las obras maestras más exigentes. En 1984 sumó La bohème, un Macbeth con Díaz en su primer papel titular junto a Sylvia Sass y un espectacular Turandot con Olivia Stapp. Turandot y la versión de 1865 de Macbeth fueron estrenos en Puerto Rico. En 1985 siguieron Norma y La fuerza del destino. En esta última, Barasorda, el fundador que hasta entonces se había negado a cantar con su propia compañía, por fin subió al escenario.
Repertorio y resiliencia (1986–1989). En 1986, la compañía presentó Madama Butterfly e Il trovatore. Le siguieron Lucia di Lammermoor en 1987 y el estreno de Nabucco en Puerto Rico en 1988. En septiembre de 1989, un Rigoletto protagonizado por Pablo Elvira fue la primera gran actividad cultural tras el paso del huracán Hugo. En el vestíbulo del teatro se recolectaron donativos de dinero y medicinas para los damnificados.
El mundo llega a San Juan (1990–1991). En coproducción con Culturarte de Puerto Rico, la compañía presentó en 1990 Otello, con Justino Díaz como Iago y Margarita Castro-Alberty como Desdémona. Al año siguiente, el Festival de la Ópera 1991 reunió en San Juan a Mirella Freni, Alfredo Kraus, June Anderson, Cecilia Bartoli, Nicolai Ghiaurov, Justino Díaz y Pablo Elvira. Díaz y Elvira encabezaron además una representación de Don Giovanni en conmemoración del bicentenario del fallecimiento de Mozart.
Turandot estuvo a la altura de los mejores escenarios operísticos internacionales.
Estrenos y orgullo isleño (1992–1996). En 1992 llegó L'elisir d'amore. Don Carlo tuvo su estreno escénico en Puerto Rico en 1993, con Paul Plishka y Jerome Hines, ambos bajos de la Ópera Metropolitana de Nueva York. Le siguieron Andrea Chénier y Manon Lescaut en 1994. En 1995, Salomé, con Julia Migenes y Leonie Rysanek, fue la primera ópera de Strauss y la primera ópera alemana en montarse en la isla. En 1996, las cuatro grandes voces puertorriqueñas del momento (Justino Díaz, Pablo Elvira, Antonio Barasorda y César Hernández) compartieron escenario en el programa doble Pagliacci y Cavalleria rusticana, con escenografía de Antonio Martorell.
Madurez y aniversario (1997–2002). La temporada del 15.º aniversario abrió en 1997 con un Simon Boccanegra, con Justino Díaz en el papel principal, que la crítica calificó de la producción más rica, intensa y noble de la compañía. Ese mismo año se presentó Les contes d'Hoffmann. En 1998 llegaron Un ballo in maschera e Il trovatore. En 1999 fue el turno de Tosca y de una gala con Yalí-Marie Williams y Rolando Villazón. En 2000 subieron a escena Lucia di Lammermoor y Roméo et Juliette. En 2001 se presentó Les pêcheurs de perles y regresó Otello, esta vez con Barasorda en el papel protagónico y Díaz como Iago. Para su 20.º aniversario, en 2002, la compañía presentó Faust y La flauta mágica. En Faust, Justino Díaz interpretó a Méphistophélès, uno de sus papeles más frecuentes. Ese año la compañía estableció también su primera alianza educativa, con la Baldwin School of Puerto Rico.
Posiblemente, esta producción ha sido la más rica, la más firme y la más intensa y noble de Teatro de la Ópera, Inc.
Nuevas fronteras (2003–2009). La compañía siguió ampliando su repertorio. En 2003 presentó una nueva Norma y Le nozze di Figaro. Al año siguiente llegó nada menos que Tristán e Isolda, la primera ópera de Wagner escenificada en Puerto Rico. En 2005 nació Ópera al Fresco, un programa gratuito al aire libre que llevó la ópera a plazas y comunidades. Comenzó con Pagliacci y presentó El barbero de Sevilla en 2007 en el Cuartel de Ballajá. En el escenario principal, Aida llegó en 2006 en coproducción con Ópera de Puerto Rico. En 2007, en su 25.º aniversario, la compañía dedicó un Rigoletto a su fundador. En 2008, Antonio Barasorda regresó a la presidencia tras diecisiete años. En 2009 la compañía montó su primera Carmen.
Continuidad y formación (2010–2019). La compañía nunca se detuvo. Ópera al Fresco llevó ópera y zarzuela gratis a plazas y comunidades, con títulos como Marina, Luisa Fernanda y Amahl y los visitantes nocturnos. El escenario principal presentó Don Giovanni (2011), Il trittico (2013), Madama Butterfly y La bohème (2014) y Così fan tutte (2015, con la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico). Desde 2016, una alianza clave con el Taller de Ópera del Conservatorio de Música de Puerto Rico ha convertido a la compañía en una cantera de nuevas voces. Así llegaron La novia vendida (2016), La flauta mágica (2017), Suor Angelica (2018) y Hänsel und Gretel (2019).
Pausa y regreso (2020–2022). La pandemia interrumpió la temporada de 2020 y ¿Y los pasteles? solo pudo presentarse como lectura. En 2022, ya fallecido su fundador, la compañía volvió a las tablas con el estreno mundial de esta ópera jíbara de la compositora puertorriqueña Johanny Navarro, con libreto de José Félix Gómez y en alianza con Pro Arte Musical. Una obra enteramente puertorriqueña, interpretada por una nueva generación de voces, quedó así dedicada a Antonio Barasorda (q. e. p. d.).
La nueva voz puertorriqueña (2023–2026). La colaboración con el Taller de Ópera del Conservatorio siguió formando talento con Le docteur Miracle de Bizet, La canterina de Haydn y Cendrillon de Pauline Viardot. Esta última no es la de Massenet, sino la ópera de salón de la mezzosoprano francesa. A esto se sumaron creaciones propias como el Auto sacramental de los Reyes Magos (2024). En 2026, la compañía vuelve a la ópera bufa con La batalla de los sexos en dos tiempos, un programa doble que une La serva padrona de Pergolesi y la revisión de La historia de aquel que se casó con mujer muda del compositor italiano radicado en Puerto Rico Alberto Guidobaldi. La dirección musical está a cargo de Roselín Pabón y la dirección artística, de Ricardo Sepúlveda, ex cantante de la compañía y hoy director artístico del Taller de Ópera.
Y esa historia no ha terminado. Hoy, el Teatro de la Ópera mira hacia adelante: hacia una nueva generación de voces puertorriqueñas y hacia un público que vuelve a llenar la sala. Lo que se cantó en grande volverá a cantarse.
Cuatro décadas, un legado.
Más de noventa producciones y conciertos.